Nuevamente se impuso el dinero

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YILBER LEANDRO SAAVEDRA

Más allá de las propuestas o los buenos perfiles de candidatos finalmente se impusieron las chequeras en las elecciones al Congreso de la República, al menos en la mayor parte de las regiones del país. El Huila no fue la excepción; el pago de miles de “pregoneros”, (término moderno para definir la compra de votos en masa), mantener “surtida” a la ´camada` de concejales y lideres para que no corrieran a última hora a otros brazos, e incluso, hacer alianzas hasta con los enemigos, fueron  algunas de las estrategias más presentes durante el último fin de semana previo a las elecciones.

Ante la mirada pasiva y casi complaciente de las autoridades circularon por las campañas miles de millones de pesos para aceitar la maquinaria que debía funcionar sin problemas el domingo. También algunos líderes locales hicieron su agosto con candidatos foráneos; montaron publicidad en redes sociales,  compraron algunas camisetas, pusieron a grupos de jóvenes a repartir la publicidad y se sentaron a esperar que el ejercicio de sumas y restas les diera las jugosas ganancias económicas, “papayaso” que no dejan pasar algunos negociantes de la política.

La amnesia colectiva que sufrió la sociedad el pasado domingo, atizada por enfrentamientos locales bizantinos, borró de la mente, al menos por unas horas, los problemas agudos que vive el país y de los cuales tienen mucha responsabilidad los congresistas reelegidos.  El domingo parece que muy pocos se acordaron de la nefasta reforma tributaria que afecta a los colombianos, o del pésimo sistema de salud, o de las afectaciones de los proyectos hidroeléctricos. No, el domingo fue nuevamente el día de defender al candidato, de ponerse la camiseta, de pelear hasta con el vecino que decidió estar con otra corriente. Así somos, durante el día de las elecciones nos creemos parte de la familia del aspirante, dejamos de ser nosotros mismos y pasamos a ser “Villalbistas” o “Andradistas” o “Cielistas” o “Gechistas” e incluso, de manera paradójica celebramos como propios los resultados que los dan de ganadores, así muy en el fondo sepamos que nos estamos clavando el puñal nosotros mismos.

Comprar votos está tan enquistado en la mente de los colombianos que parece imposible superarlo. Los ríos de dinero que pusieron a rodar algunos candidatos, tuvieron que llegar a los destinatarios, por lo que más que ser víctimas del sistema, los votantes terminaron siendo cómplices de la corrupción y copartícipes de las decisiones que tomen sus elegidos.

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