Funcionarios ausentistas

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YILBER LEANDRO SAAVEDRA

El jalón de orejas que le dio esta semana la presidenta de la Asamblea del Huila, Sandra Milena Hernández, a algunos secretarios de despacho y funcionarios del Gobierno departamental, por abandonar, en ocasiones, a su suerte, los proyectos de ordenanza de autoría del propio ejecutivo, planteó nuevamente la reflexión frente al verdadero compromiso de quienes tienen a su cargo liderar desde sus secretarías los procesos de desarrollo en la región.

Hernández, recordó que en ocasiones hay que suspender las sesiones para esperar por horas la presencia de los secretarios de despacho responsables de explicar las iniciativas que son radicadas por ellos mismos, en cumplimento de lo dispuesto por el reglamento interno.

Igual o peor situación se vive en el Concejo de Neiva en donde en el último periodo de sesiones ordinarias del año anterior, la mitad de los debates de control político tuvieron que suspenderse por cuenta de la inasistencia de los funcionarios, solicitudes de aplazamiento o la entrega tardía de las respuestas a los cuestionarios que sirven de insumo para las deliberaciones.

La actitud de algunos secretarios de despacho no solo va en contravía del interés común de concretar de manera eficiente y pronta los procesos administrativos, sino que atenta contra el ejercicio de control político, ya bastante diezmado por el uso particular que le dan algunos corporados. Los errores de redacción, las cifras mal contabilizadas y la improvisación también se han evidenciado, ya no de manera excepcional sino constante.  Al menos cinco proyectos de acuerdo tuvieron que ser retirados el año pasado en el cabildo local por errores en su diseño y a otros dos fue necesario rehacerlos en medio de los debates para su aprobación.

Algunos funcionarios expresan que ‘cada quien responde por lo suyo’, lo que también refleja las divisiones internas marcadas por diferentes intereses, aspiraciones o ideologías, y que terminan orientándolos a priorizar acciones que promuevan su proyecto personal o político y no el de la ciudad o la región, mandando al traste de paso la tan anunciada “transversalización administrativa”, o las buenas intensiones que pueda tener el gobernante.

El carácter e independencia de corporaciones como los Concejos y las Asambleas son vitales para garantizar un ejercicio de control político eficiente. Poder exigir a los funcionarios el cumplimento de sus responsabilidades depende también de la autoridad moral, la seriedad, la dignidad y el prestigio que reflejen concejales y diputados, llamados a ser ejemplo de honestidad.

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